viernes, 6 de julio de 2018

Marcha común al Reventón y Cascadas de La Granja 04-07-18


Crónica:

Los caminos se hacen pequeños o grandes cuando se circunda parte de una historia, de un palacio de los de antes, de famosos reyes y de conocida gloria.
Una vez reunido todo el grupo y acordada una posterior división, de quienes quieren andar más y quienes no, se empieza a ir marchando con la mirada levantada, observando una cuesta bastante desnivelada, cada cual a su ritmo, cada cual con sus pasos, dentro de su interiorismo, dentro de su halago, se va avanzando más de lo que  cada uno creía, los límites los pone el esfuerzo y la propia valía.
Al igual que se sube en altura aumenta la intención de gozar, de disfrutar, de sentir la agradable sensación de la novedad en un paisaje, en una naturaleza amable, vistosa y animosa, siempre confortable para quien la comparte.
La subida es y sigue siendo fuerte, cada cual la supera como puede, hay quien piensa que, tal y como es la propia vida, para conseguir una meta, primero se madruga, después se desayuna, el café y el deber, se continúa con la lista de la casa, de los niños, de me dices y te digo, de...qué cansancio, qué esfuerzo, qué bonito poder vivirlo y contarlo. Los que empiezan a subir como los que lo hacen por bajar, cumplen su deseo, como la mañana me lo permite, yo he venido  caminar, a intercambiar esfuerzo por salud, deber por la gratitud de, vencido lo debido, estaré siempre agradecido, de transpirar que lo que hice hecho está y mañana vuelta a empezar. El agua es un líquido a veces en gotas de lluvia, a veces en arroyos, en ríos, en vistosas cascadas o como adorno de reales fuentes igual que las de hoy en la Granja.
Está crónica puede ser plena o vacía, una más o de despedida, sin perfume  de alegría ni de melancolía...un libro cuando se ha leído se cierra y se archiva, habrá a quien le haya gustado más y a quien bastante menos, el paso del tiempo, tal vez, lo cuidará y guardará de él algún pequeño recuerdo o puede que no, se cumplen ciclos, se cumplen días...personas, vida.


Relato Breve:

La casa estaba vacía, su moradores se habían ido lejos, muy lejos, sin vuelta, allí se va para siempre, él antes, ella después.
La casa estaba vacía pero, a veces, hablaba, de recuerdos, de alegrías, de lamentos, había sido testigo de vidas, de idas y venidas, de nacimientos, de encuentros, de distanciamientos, de despedidas.
Vivió el origen y el final de quienes la adornaron, quienes cubrieron sus paredes de paisajes, retratos, bodegones, de cuadros, los que le habían dado presente, futuro y pasado.
La casa estaba vacía, fría, no recibía calor, ni de afecto ni de calefactor, de ninguno de los dos, se oía a los vecinos las quejas, antes había ruido, molestias, pero nuestra casa estaba atendida por otra compañía, decían, en verano ventilador, ventanas a medio abrir o cerrar, según se mire, si con optimismo, medio abiertas, medio cerradas con las ilusiones ya quebradas.
La casa estaba vacía, no se oían pasos, solo silencio, ni se oían la tele o la radio, solo silencio, el agua no corría, solo silencio, la cocina ya nadie la encendía, el último menú se hizo hace tiempo.
La casa estaba vacía el eco de alguna pisada evocaba algún paseo, las puertas giraban como abanicos ventilando algún pequeño desvelo, el silencio hablaba con palabras llenas de empeños.
La casa estaba vacía, una ventana parecía sonreír, pero no, era el reflejo de alguna ilusión, hay quien dice haber oído algunos días como una voz, no son psicofonías sino alguna melodía que quedó prendida dormitando en un rincón.
La casa estaba vacía, la puerta de un armario entreabierta, como alerta a qué podría pasar, las perchas parecían moverse, descolgarse de su letargo, querían pero no podían dar un abrazo al abrigo marrón, a la blusa beige, al vestido fantasía, a las prendas  conjuntadas en armonía, que día a día, habían cubierto ilusiones, anhelos, deseos, algunas pasiones, corazones, abiertos, certeros, cuerpos pequeños, cuerpos como alegorías.
La casa estaba vacía, podrá albergar nuevos moradores, podrá volver a acoger vida, podrá canturrear otras canciones, podrá dar cobijo durante las cuatro estaciones pero, por alguna esquina de alguna habitación, echará de menos tal vez la voz, tal vez el olor, tal vez el atrevimiento o el candor de quienes la cuidaron antes, quienes rejuvenecieron su apariencia cuando habían pasado los años, poniéndole guapa con otro color de pintalabios o cubriéndola de seda blanca para dejar pasar el sol por las ventanas.
La casa estaba vacía, como los corazones que ahora la contemplan, los que juguetearon por sus pasillos en horas inciertas, los que, después, tomaron en las comidas una tortilla, un cocido, para merendar el bocadillo y de postre unas natillas...todo ello al calor del cariño, los que en su juventud, y pasada ésta, un día echaron, por última vez, la llave de la puerta y de sus recuerdos en ella. Sobre el escritorio había un diario de 100 hojas, faltaba la 91, alguien debía arrancar la 93 y cerrarlo después de escribir "adiós"
Esta casa, como tantas otras, se quedó vacía, de personas, de zozobras, pero plena de futuro, de otras buenas atenciones...de calor humano, de otras vidas con sus afectos y sus temores.


Gracias a todos y feliz verano, conforme al estereotipo, no digo adiós sino hasta luego, seguro que nos veremos de nuevo en alguna ocasión. Un fuerte abrazo y no nos olvidemos que formamos uno grupo de personas mayores, no de viejos, que una vez a la semana llenamos la mochila de ilusión y salimos a disfrutar de la naturaleza, olvidándonos de los problemas pero no de vivir.

P.D.: como ya estaba anunciado, dentro de unos días dejaré de llevar este blog, una vez más, gracias por haberlo seguido.



sábado, 30 de junio de 2018

Marcha común a Cerro Minguete 28-06-18


CRÓNICA:


Mes de junio, fin de temporada, como frontera entre la actividad y el alto en el camino, figurativamente, se guardan la mochila, los bastones y todo lo que acompaña cada salida a la montaña, a las pequeñas hazañas, tras dejar la rutina a cambio de un caminar hacia algo nuevo, hacia ese pequeño secreto por conocer, guardado en llano o en alto, formación natural o elaborada, histórica o de cualquier sociedad más cercana.
Llega el momento de las vacaciones para, además de viajar, de vez en cuando, recordar aquella mañana fría, aquel caudal, aquel pinar, aquel esfuerzo, por senda por sendero, aquella charla, aquel bocadillo, aquellas dudas y consultas, aquellas curiosidades... momento de recordar aquella compañía que ya no estará.
Esta marcha, que cierra la temporada, se empieza en el Puerto de Navacerrada, espacio abierto al caminante, a los deportistas, al ocio de un día en familia, a sentir que la naturaleza está cerca, tanto, como uno le apetezca, se puede elegir camino y destino, más próximo o lejano, siempre en altura así los sueños por allí pasan despiertos, quieren soñar no dormir. El trenecillo, el telesillas, la nieve fina, los recuerdos, quien no viviendo muy lejos, cambió las zapatillas por unas botas con fuertes hebillas, el patín por el ski, la raqueta por el bastón y las gafas de sol.
En una mañana tímida, como diciendo, puedo mojar pero no se, no me atrevo, consultaré al cielo, mientras tanto, empezad a caminar decía, mirad, vais por el camino Smidt, del Puerto de Navacerrada al de la Fuenfría, pasando por el Collado y el Monte Ventoso, para después subir Cerro Minguete y, al ir dando pasos de uno en uno, no de dos en dos, se ladeó un poco para no ir de frente los últimos metros, algo es algo aunque no lo sea todo. Ya arriba hasta el mismo sol se fija en un paisaje, en un entorno, que invita a un viaje que se acepta como anclaje en la ensoñación, en el dibujo y en la pasión.
Al estar cerca el Montón de Trigo hubo quien, habiéndose adelantado, lo remontó y descendió en un suspiro, alcanzado al poco tiempo a parte del grupo y ya juntos descender hasta la Fuente de la Fuenfría, donde se volvió a reunir el grupo al completo y en el que había un acompañante de lujo, pequeño de envergadura pero grande en ilusión, en vivir todo desde el juego, desde la acción, buen comunicador, cargado de curiosidad por todo lo que le rodeaba.
Una vez hecha la habitual foto de grupo, con una brisa refrescante que se filtraba entre los pinos, se retoma el camino hacia el principio o el final, hacia la salida o la meta, es igual, hacia la tranquilidad de haber conseguido, una vez más, un objetivo, un deseo o un premio

sábado, 23 de junio de 2018

Marcha común a Peñalara 21-06-18


CRÓNICA:
  
Peñalara, como reina de las cumbres madrileñas, acogió a un numeroso grupo de caminantes, ya en el final de su temporada, pareciendo sentirse bien acompañada, dejó correr brisas de aire fresco y ofreciendo los mejores adornos de su medio.
Con algo de esfuerzo, pero con mejor sentimiento, notando también el empuje de la mochila, se va ascendiendo, quien puede más por quien no puede tanto, el verso se va rimando, con alguno libre o quizá liberado, cada paso va formando parte de esa estrofa de color y aromas, de paisaje en el equipaje de la fantasía, de nieve tardía cuidada por algún deseo o melodía.
El diario de un senderista decía que, a veces, las noches se confundían con los días, que eran luminosas, cargadas de filantropía, que este lugar había que cuidarlo, hoy en persona, mañana desde la presencia de otrora, que era recreo de unos y otros, que había que mimarlo para todos.
Por el aire, como ecos, en Peña Citores, se oyen nombres del Batallón alpino de Guadarrama, con vistas de la llanura segoviana a un lado y al otro de Madrid, esa ciudad multirracial y aún por definir.
Caminando sobre las arterias de unas piedras por el cielo, perdón, por el suelo, las piernas se resienten, miran hacia arriba y piensan, si no fuera por lo que es, nos parábamos y aquí nos quedábamos pero, ¡ay, José Agustín Goytisolo y tus palabras para Julia (su hija)! "Nunca te entregues ni te apartes junto al camino, nunca digas no puedo más y aquí me quedo." hay que seguir, la meta lo merece, este esfuerzo nunca va a producir ningún desvelo.
Ya en la cumbre el grupo completo, es el momento de mirar y admirar todo lo que se puede apreciar desde esa altura, uno se puede sentir ave o espuma, ligero o bruma, la sensación no es nueva, es buena, girando el cuerpo como una noria, pero despacito, muy despacito, la vista muy poco a poco, va dando pequeñitos brincos, desde la Cuerda Larga, poniéndole fin en la Najarra, a Siete Picos, La Mujer Muerta, el Montón de Trigo, el Pinar de Valsain, el Risco de Claveles y la Laguna de los Pájaros, todo a la vista, todo al alcance de la mano.
Ya por último, cumpliendo el dicho de lo que puedas hacer hoy no lo dejes para mañana, en descenso, con total consenso, el grupo se encamina hacia el Refugio Zabala, lugar emblemático en otro tiempo, hoy estación para controlar el decurso del viento y poder pernoctar, si lo impone el tiempo. A sus pies la laguna chica, la laguna grande, quién rinde pleitesía a quién, no se sabe, pero se adivina que están todos a la par, yo no soy menos ni tú eres más.