sábado, 15 de noviembre de 2025

Ruta 201: La Jarosa. Agua y trincheras

 

El amanecer del 25 de septiembre llegó fresco y silencioso sobre el embalse de La Jarosa. El grupo se reunió en el Parking La Jarosa II, donde el aire perfumado de pinos y jaras anunciaba un día perfecto para caminar. Con las mochilas ajustadas y el rumor lejano del agua acompañando los primeros pasos, comenzó una ruta circular que prometía tanto historia como naturaleza.

El sendero avanzó poco a poco entre cortafuegos y sombras alargadas hasta llegar a la Fuente de la Chorrera. Allí, el murmullo del agua se convirtió en la banda sonora del primer descanso. El pequeño manantial, escondido entre rocas y musgo, invitaba a respirar hondo y a dejar que la humedad fresca del entorno apaciguara el calor que ya empezaba a asomar.

Algo más adelante, casi sin transición, la ruta cambió de tono al alcanzar las Trincheras y Parapetos. Las huellas de piedra, desgastadas pero firmes, recordaban que estas montañas no solo han sido hogar de pastores y caminantes, sino también escenario de vigilancia y estrategia hace casi un siglo. El silencio se volvió más espeso, como si el paisaje pidiera un instante de respeto por la historia que guarda.

El camino siguió hasta uno de los rincones más vistosos: la Cascada de la Chorrera (desgraciadamente con un solo hilo de agua).

Apenas unos minutos después, apareció el Mirador de la Presa. Desde allí, el embalse se extendía como una lámina tranquila rodeada de un mosaico verde de pinos y robles. Fue uno de esos puntos donde el tiempo se detiene sin pedir permiso: fotos, conversación pausada, miradas perdidas en el horizonte.

La ruta continuó hacia un tramo más solitario hasta alcanzar las Ruinas de la Ermita de San Macario. Pocas piedras quedaban en pie, pero las suficientes para imaginar la pequeña construcción que un día fue refugio espiritual para pastores y habitantes de la zona. La hierba crecía entre los restos, como si la naturaleza se encargara de proteger lo que queda.

El último hito, la Ermita actual de San Macario, apareció poco después, ya en descenso suave. Más cuidada, más sólida y abierta al cielo, ofrecía un cierre perfecto para la jornada. Algunos se sentaron en el murete exterior, otros simplemente contemplaron el entorno mientras una brisa ligera movía las copas de los pinos.

La ruta concluyó regresando al punto de partida, con los pies cansados pero la mente llena de imágenes: agua cayendo entre rocas, vistas amplias del embalse, cicatrices de la historia y rincones de devoción escondidos entre montañas.

 Fue una jornada donde la Jarosa mostró todas sus caras: la natural, la histórica y la humana. Una ruta que, más allá de los kilómetros, dejó la sensación de haber atravesado no solo un paisaje, sino un pequeño viaje en el tiempo.


Ficha técnica de la ruta:

  • Realizada:  25 de septiembre de 2025
  • Distancia: 11,85 km
  • Duración:   4 h.  8 min.
  • Desnivel positivo: 273 m.
  • Desnivel negativo: 273 m.
  • Dificultad: Moderada
  • Tipo: Circular
  • TRACK


Ruta 200: La Hiruela - Senda por las Eras - La Pila de Riego - Las Carboneras - La Hiruela

 La mañana del 18 de septiembre amaneció con esa luz dorada y el aire fresco característicos del inicio del otoño en la Sierra del Rincón. Con las primeras horas, partimos desde el Parking de La Hiruela, listos para sumergirnos en esta ruta circular que promete desvelar la historia y el paisaje de este rincón de la Sierra Norte de Madrid.

Apenas iniciamos la marcha, y tras un breve ascenso, llegamos al primer hito: el Mirador de La Hiruela. Las vistas panorámicas del pueblo, con sus tejados de pizarra y su arquitectura negra perfectamente conservada, nos detuvieron de inmediato. Fue el lugar perfecto para contemplar el valle del Jarama y coger fuerzas.
La senda nos guio hacia la Pila de Riego, un vestigio etnográfico que nos recordó la importancia del agua y la vida agrícola tradicional. Este tramo fue un paseo sereno entre arbolado, donde el murmullo del agua acompañaba cada paso.

El recorrido nos devolvió brevemente al corazón del pueblo para visitar la Iglesia de San Miguel Arcángel. Su presencia robusta y sencilla es un recordatorio de siglos de historia, ofreciendo un contrapunto cultural a la naturaleza que nos rodeaba. Desde allí, el camino comenzó a descender buscando el cauce del río Jarama. Enseguida apareció el Molino de La Hiruela, hoy recuperado como espacio visitable. Detenerse aquí fue un placer, imaginando el ritmo de la vida rural en torno a la molienda del grano, con el río corriendo vivaz.

La ruta nos propuso un nuevo ascenso para regalarnos otro momento fotográfico en el Mirador al Colmenar, desde donde se aprecian las antiguas colmenas, una muestra más de la riqueza de oficios que sostuvo a esta comunidad. El bosque de robles melojos comenzaba a teñirse con los primeros ocres, prometiendo un espectáculo de colores en las próximas semanas.

El siguiente punto, la Carbonera, fue uno de los más interesantes. Estos hornos de leña, donde antiguamente se producía carbón vegetal, son la prueba de una actividad que definió el paisaje y la economía local. El ambiente en esta zona, más denso y forestal, tenía un aire casi misterioso.

La etapa más exigente nos esperaba al adentrarnos en la Dehesa de La Hiruela. El camino nos llevó a rodear el majestuoso Rebollo de la Dehesa, un roble centenario y venerable que se erige como un auténtico monumento natural. Su sombra y su porte inspiran respeto.
A partir de ahí, la senda se hizo más de montaña, ganando altura de forma constante pero llevadera, hasta alcanzar el Collado del Espino. Las vistas que se abrieron a nuestros pies recompensaron el esfuerzo: una panorámica inmensa de la Sierra del Rincón y sus cumbres.

El tramo final, que nos condujo hasta el Collado Hondo, se sintió como la culminación de la jornada. El silencio era casi absoluto, solo roto por el viento y quizás el sonido lejano de alguna campana. Desde este punto más alto, iniciamos el suave y placentero descenso de regreso, ya con la satisfacción de la tarea cumplida.

Tras completar los 11 kilómetros, llegamos de vuelta al Parking de La Hiruela. La ruta no es solo un paseo por el monte, sino un fascinante recorrido por la etnografía y la historia de un pueblo que ha sabido conservar su legado.

Un día memorable, donde la belleza del paisaje de la Sierra del Rincón se fusionó perfectamente con el patrimonio tradicional que salpica cada rincón de La Hiruela. Una experiencia circular, completa y altamente recomendable.

Ficha técnica de la ruta:

  • Realizada: 18 de septiembre de 2025
  • Distancia: 11,06 km
  • Duración:  4 h.  7 min.
  • Desnivel positivo: 259 m.
  • Desnivel negativo: 259 m.
  • Dificultad: Moderada
  • Tipo: Circular
  • TRACK

Ruta 199: P. Navacerrada - P. Fuenfria - P. Navacerrada

La mañana del 4 de septiembre prometía ser espectacular para el senderismo. Iniciamos la ruta en el Parking de Navacerrada, un punto de partida emblemático, dirigiéndonos hacia la vertiente segoviana bajo los frondosos pinares. El aire fresco de la mañana nos llenaba de energía.

Apenas a 600 metros, pasamos junto a la Residencia Los Cogorros, el punto donde el asfalto da paso definitivamente a la montaña y donde el famoso Camino Schmidt comienza a perfilarse, señalizado con sus inconfundibles círculos amarillos. El sendero, cómodo y bien trazado, nos permitió un avance constante.

Poco después, alcanzamos la Fuente Camino Schmid, un oasis que nos recordó la importancia del agua en estos parajes. No muy lejos, el espíritu reflexivo del paisaje nos esperaba: detenerse un momento para contemplar es casi una obligación, una pausa para admirar la tenaz soledad y resistencia de los pinos silvestres.

El camino nos sumergió en un espeso bosque de pino silvestre, un regalo para los sentidos. Este tramo del Camino Schmidt es un pasaje de historia y naturaleza, trazado por Eduardo Schmidt en 1926. Las vistas puntuales a través de las copas,                                                                            hacia el valle de Valsaín, eran magníficas.

Al alcanzar el Puerto de la Fuenfría, llegamos al punto más lejano de nuestra circular. Este antiguo paso, histórico punto de comunicación entre Castilla y León y Madrid, es un lugar de gran belleza. Aquí tomamos un merecido descanso antes de iniciar el tramo de regreso, completando la mitad del recorrido.


El giro en el Puerto de la Fuenfría nos llevó a conectar de nuevo con un tramo del Camino Schmidt, o una variante que se une a él, para iniciar el regreso hacia Navacerrada. Mantuvimos el ritmo, disfrutando del paisaje cambiante y de las formaciones rocosas características de la Sierra. La señalización amarilla nos guio con certeza a través del bosque.
El sendero de vuelta nos ofreció diferentes perspectivas de los Picos de Siete Picos y el entorno. Tras un rato de caminata, encontramos la familiar Fuente Camino Schmid por segunda vez, un refrescante hito que marcaba la recta final de nuestra aventura.
Finalmente, llegamos de nuevo al Parking Navacerrada. La ruta, con sus subidas y bajadas suaves, y sus puntos de interés cultural y natural bien espaciados, resultó ser una experiencia memorable y satisfactoria. Una jornada que combinó el ejercicio físico con la inmersión en la rica historia y ecología de la Sierra de Guadarrama.

Ficha técnica de la ruta:

  • Realizada: 4 de septiembre de 2025
  • Distancia: 12,06 km
  • Duración:  4 h.  15 min.
  • Desnivel positivo: 227 m.
  • Desnivel negativo: 227 m.
  • Dificultad: Moderada
  • Tipo: Linear (Ida y vuelta)
  • TRACK